
Voy a ser breve… aunque esta historia merece contarse completa. La iré escribiendo poco a poco, porque lo que empezó como un ejercicio sencillo en mi adolescencia, terminó siendo una de las experiencias más poderosas de mi vida.
Desde que era adolescente, mi papá me dio un consejo que nunca olvidé:
“Anota diez características que deseas en tu futura esposa… y ora al Señor por ella.”
Yo me lo tomé en serio. Saqué papel y lápiz, y escribí con el corazón. No solo escribí una mujer hermosa (aunque sí la puse en la lista 😅), también anoté cosas más profundas: que ame a Dios más que a mí, que tenga un espíritu tierno pero firme, que sea radical, sabia, que sea determinada, que ame a mis padres, con una sonrisa que traiga paz y ojos que brillen con propósito. La lista quedó lista… y ahí empezó mi proceso.

Cada vez que me acordaba —en serio, a veces en los momentos más raros— oraba por ella. A veces en medio de mis luchas, otras veces con una sonrisa tonta en el rostro, y muchas veces sin entender cómo es posible que me siento enamorado de alguien que no conozco. Pero oraba igual… con fe, y con risas. Jajaja.
Pasaron los años… y un día la conocí. Y no fue una emoción pasajera, fue una paz que sobrepasaba todo entendimiento. Mi corazón la reconoció antes que mi mente se diera cuenta. Y hoy, cada vez que la veo, me acuerdo de esa lista de adolescente... y sonrío. Dios no solo escuchó mi oración, la superó.
Esa es la belleza de orar con fe.
¡Dios no olvida! Y cuando Él responde… lo hace bien, mas de lo que podemos imaginar.
Escrito por:Mr.Einsten
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